El valor limitado de las ideas

Hay quienes dicen que el mundo está construido sobre ideas. Fue una idea la que inició la Revolución Francesa y creó una nación. Fue una idea que llevó a Albert Einstein a buscar la relatividad, a Humberto Fernández-Morán a inventar el bisturí de punta de diamante e incluso a Steve Jobs para crear el iPhone y construir la empresa más valiosa del mundo.

Es el poder de las ideas lo que lleva a que las apreciemos tanto. Queremos proteger nuestras ideas que creemos que son valiosas y, a veces, nos ponemos celosos cuando otros las piensan primero. No hay nada tan entusiasta como el momento en el que se forma una idea en nuestra mente y comienza a tomar forma.

Claramente, las ideas son importantes, pero no muchos creen lo mismo. Por ejemplo, Estados Unidos es lo que es hoy, —para bien o para mal—, por sus principios e ideas de su fundación, pero también por las ideas que han seguido y revolucionado el país. Veneramos a personas como Einstein o Jobs, no por sus ideas, sino por lo que hicieron con ellas. La verdad es que aunque las posibilidades son infinitas, las ideas son limitadas.

El truco a los Winklevoss

La historia del origen de Facebook ahora es bien conocida. Mark Zuckerberg se reunió con los gemelos Winklevoss y otro compañero de clase de Harvard para la construcción de una red social juntos. Zuckerberg estuvo de acuerdo en todas las ideas y en asociarse para una mejor red, pero luego les atrincheró mientras construía y lanzaba un sitio en competencia. —Posteriormente tuvo que pagar un acuerdo multimillonario por lo que hizo—.

Zuckerberg y los Winklevoss se han reunido recientemente cuando Facebook anunció que está desarrollando una nueva criptomoneda llamada Libra. Resulta que los Winklevoss han sido inversores de alto perfil en Bitcoin desde hace un tiempo y por supuesto, a Zuckerberg le interesa. La ironía es tanta, que posiblemente todo el mundo ignore el hecho, pero la realidad es que, Zuckerberg robó la idea para Facebook y ahora está haciendo lo mismo con las criptomonedas.

Por supuesto que pensar que «robó» la idea es ridículo. Las redes sociales tales como Myspace existían antes que Facebook y muchas otras llegaran al mercado. Sin embargo, la mayoría falló. Es así, como de la misma forma, muchas personas hoy tienen ideas sobre cómo iniciar negocios de criptomonedas o de aplicaciones. Y la mayoría de ellos también fallarán, y no porque sean ellos, es simplemente que el valor de una idea inicial es altamente cuestionable.

Muchas personas tienen ideas parecidas todo el tiempo. De hecho, en un estudio publicado en 1922, se identificaron 148 inventos importantes que al menos dos personas diferentes registraron. Entonces, el hecho de que tanto los Winklevoss como Zuckerberg quisieran lanzar una red social al mismo tiempo y Zuckerberg la haya «robado» no tenía sentido.

La verdad es que Zuckerberg no tuvo que pagar a los Winklevoss porque les robó su idea, sino porque usó su confianza para socavar activamente su negocio en beneficio del suyo. Su crimen no fue la creación, sino la destrucción.

El error de Semmelweis

En 1847, un médico llamado Ignaz Semmelweis tuvo un gran avance. Trabajando en una sala de parto, descubrió que lavarse las manos de manera estricta reduciría la incidencia de fiebre infantil después del parto. Lastimosamente, la clínica donde trabajaba rechazó su idea y la teoría de los gérmenes de la enfermedad no se estableció hasta décadas después.

Este fenómeno ahora se conoce como el efecto Semmelweis, la tendencia de las personas a rechazar nuevos conocimientos que contradicen las creencias establecidas. Y es que, prácticamente por naturaleza, tendemos a pensar que una gran idea será inmediatamente obvia para todos, pero generalmente sucede lo contrario. Las ideas que tienen el poder de cambiar el mundo siempre llegan fuera de contexto por la simple razón de que el mundo aún no ha cambiado.

Sin embargo, el efecto Semmelweis es engañoso. Sherwin Nuland dice «hay más en la historia que resistencia a una nueva idea». Y evidentemente, Semmelweis no vio el valor de comunicar su trabajo de manera efectiva, formateando sus publicaciones de manera clara o incluso recolectando datos de una manera que le permitiera a sus ideas una mayor aceptación.

Aquí nuevamente, vemos los límites de las ideas. Tal como un recién nacido, no puede sobrevivir solo, necesita ser nutrido para crecer, necesita hacer amigos, interactuar con otras ideas y madurar. El error de Semmelweis no fue que la clínica no aceptó su idea, sino que no logró administrarla de tal manera que pudiera extenderse y tener un impacto.

El mito de la quiebra de Blockbuster

Uno de los mitos comerciales más famosos es el de Blockbuster. Como generalmente se cuenta la historia, se dice que Blockbuster, no reconoció la amenaza que representaba Netflix. Y la verdad es que la junta de la compañía no solo reconoció el problema, sino que también desarrolló una estrategia inteligente y la ejecutó bien. El fracaso, de hecho, tuvo menos que ver con la estrategia y las tácticas que con la gestión de las redes de partes interesadas.

Blockbuster se movió rápido para lanzar una plataforma en línea, recortar los cobros por impagos ​​e innovar su modelo comercial. Sin embargo, la resistencia de los franquiciados, que estaban preocupados de que los cambios mataran su negocio, de los inversores y analistas, que se opusieron al costo de las iniciativas, hizo caer el precio de las acciones.

A partir de ahí, las cosas cayeron brutalmente. El bajo precio de las acciones atrajo a Carl Icahn, quien se hizo un puesto en la junta. Lo que llevó a una disputa de compensación con el CEO de Blockbuster, John Antioco, quien cansado de Icahn negoció su salida y dejó la empresa en 2007.

Su sucesor, Jim Keyes, estaba decidido a revertir la estrategia de Antioco, el ex CEO de Blockbuster, reducir la inversión en el modelo de suscripción, restablecer los cobros por impagos ​​y cambiar el enfoque a las tiendas minoristas en un intento fallido de «saltar» el modelo de suscripción en línea. Tres años después, en 2010, Blockbuster se declaró en bancarrota.

La falacia fundamental de las ideas

Una de las cosas que me sorprende es la frecuencia con la que fallan los movimientos detrás de ideas poderosas. Los que tienen éxito no son aquellos con ideas diferentes o de mayor calidad, sino aquellos que fueron capaces de alinear grupos pequeños, poco conectados, pero unidos por un mismo propósito.

Las historias de los Winklevoss, de Ignaz Semmelweis y de Blockbuster son versiones diferentes de la misma falacia fundamental de que las ideas, si son lo suficientemente poderosas, pueden sostenerse por sí mismas. Las ideas deben ser adoptadas y luego combinadas con otras ideas para tener un impacto en el mundo. La verdad es que las ideas necesitan ecosistemas para apoyarlas y eso no sucede de la noche a la mañana.

Para que una idea sea viable en el mundo real, necesita conectarse continuamente hacia afuera, ganar adeptos y ampliar su contexto original. Eso requiere más que una epifanía inicial. Se necesita voluntad para subordinar la idea a su propósito.

Lo que tenemos que aprender a aceptar es que lo que hace que una idea sea poderosa es su capacidad para resolver problemas. Las ideas incluidas en la Constitución de Estados Unidos no eran nuevas en el momento de la fundación del país, pero ganaron poder con su aplicación en el mundo real. De la misma manera, veneramos la relatividad de Einstein o el iPhone de Jobs debido a su impacto en el mundo.

Como G.H. Hardy lo dijo una vez: «Para cualquier propósito serio, la inteligencia es un regalo muy pequeño». Lo mismo puede decirse de las ideas. No nacen solas y necesitan las acciones de las personas para darles vida.

3 comments on “El valor limitado de las ideas

  1. Mira ese potencial, excelentes narración anexado al punto de eficacia que te incita a seguir leyendo.
    ¡Muy bueno! Lástima no hay más contenido, ¡porqué me lo leería en un abrir y cerrar de ojos!

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